Cuando el software supera al cemento
Durante años nos vendieron la inteligencia artificial como algo etéreo, casi mágico: preguntas que flotan en la nube y respuestas que aparecen de la nada. Pero detrás de cada respuesta de un chatbot hay miles de GPUs calientes, kilómetros de cableado y plantas enteras dedicadas solo a enfriar máquinas. Y ahí está el problema: la demanda de cómputo se duplica casi cada año, mientras que construir un centro de datos nuevo —con permisos, turbinas, subestaciones eléctricas y sistemas de refrigeración— sigue tomando entre tres y cinco años. Es como intentar llenar una piscina olímpica con una manguera de jardín mientras el nivel del agua que exigen sube cada semana.







