Del laboratorio a la fábrica de futuro
Durante años, la computación cuántica vivió atrapada en un purgatorio curioso: funcionaba de maravilla en los papers académicos y se desmoronaba apenas salía del cuarto frío. Los qubits, esas unidades mínimas de información que pueden ser cero y uno al mismo tiempo, son tan delicados que un cambio mínimo de temperatura o una vibración de más los hace colapsar. Pero algo se está moviendo en serio. El Departamento de Energía de Estados Unidos acaba de inyectar fondos sustanciales a un plan concreto: construir, dentro de esta década, una computadora cuántica tolerante a fallos capaz de sostener cálculos reales sin que el ruido cuántico arruine la fiesta.






