Cuando el capital corre detrás del cómputo
Hay algo casi hipnótico en ver cómo se mueven las cifras este año. Los bancos de inversión hablan de 2026 como si fuera un año bisagra, y no exageran: el volumen de fusiones y adquisiciones ligadas a inteligencia artificial ha roto techos que nadie proyectaba hace apenas veinticuatro meses. ¿Qué empuja a compañías centenarias a firmar cheques que antes reservaban para crisis o guerras comerciales? La respuesta es simple y a la vez incómoda: quien no compre capacidad de cómputo, datos o talento en IA hoy, corre el riesgo de quedar fuera del mapa mañana.






