El feed perfecto y la vida que no cabe en un cuadro
Hay una escena que se repite miles de veces al día en Instagram: una madre, con el pelo recién peinado, sirve un desayuno con frutas cortadas en forma de flor mientras dos niños vestidos a juego juegan de fondo, felices, sin gritar, sin derramar nada. La imagen dura tres segundos en el feed. Lo que no se ve son las quince tomas anteriores, el llanto que quedó fuera de encuadre y la ansiedad de tener que publicar antes de que el algoritmo de Meta decida que ya es tarde para captar audiencia.






