El hábito como mercancía
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que las tendencias nacían en una esquina cualquiera: un pasillo de instituto, un bar de barrio, un grupo de amigos que decidía que algo era genial antes de que nadie más lo supiera. Ese descubrimiento orgánico, lento y un poco torpe, ha sido reemplazado por una maquinaria que convierte cualquier gesto humano en un producto empaquetado y listo para vender. Tomar agua con electrolitos, caminar seis kilómetros al amanecer, ordenar el clóset por colores: todo llega envuelto en el mismo papel celofán, narrado por una cara conocida y patrocinado, tarde o temprano, por una marca.







